El avance de la iglesia evangélica en la política chilena

Los últimos 20 años las iglesias evangélicas y sus simpatizantes han ido en aumento en Chile. Según datos del Ministerio de Justicia el 80% de las entidades religiosas inscritas en el país son evangélicas. Este aumento también se refleja en la esfera política. Hoy el Partido Social Cristiano (PSC) cuenta con un senador, cuatro diputados, un alcalde, seis Cores y 24 concejales repartidos desde Tarapacá hasta la Araucanía.

-Eduardo Gómez Cerda

El 5 de mayo de 2025, Francesca Muñoz, del Partido Social Cristiano (PSC), bajó su candidatura para apoyar al candidato del Partido Republicano, José Antonio Kast. Hoy es candidata a diputada por el distrito 20, y uno de sus eslóganes de campaña es reconocerse como la diputada de Kast.

Muñoz está casada con un pastor evangélico, Héctor Muñoz, quien fue electo alcalde de Concepción en el año 2024. En las iglesias pentecostales, la esposa de un pastor es llamada pastora por uso honorífico. Sin embargo, no hace uso de ese cargo.

¿De dónde viene este mundo evangélico? ¿Quiénes son? ¿Qué rol cumplen hoy en Chile?

Evangélicos en la política

Para entender el mundo evangélico, hay que comprender que no es solo una iglesia. A pesar de que todas responden al mismo dios y a un evangelio, difieren en algunas creencias. Las iglesias evangélicas se denominan: metodistas, luteranos, presbiterianos, anglicanos, adventistas —entran en esta denominación a pesar de que ellos no se consideran evangélicos—, bautistas y pentecostales, que son los que tienen mayor adherencia en el país. Los Muñoz pertenecen a este último grupo.

Las incursiones en el mundo político de ciertas ramas evangélicas se remontan a 1973, cuando tras la negativa de apoyo de la Iglesia Católica —encabezada por el arzobispo Raúl Silva Henríquez—, la dictadura buscó apoyo en los sectores evangélicos más fundamentalistas. Este respaldo se materializó el 14 de diciembre cuando un grupo de pastores concurrieron al edificio Diego Portales (sede de la dictadura cívico-militar) con una carta de adhesión al régimen firmada por 32 obispos. Dos días después se inauguró la Catedral Evangélica de Chile, más conocida como catedral Jotabeche y considerada el templo pentecostal más importante del país.

No obstante, no todo el mundo evangélico apoyó a la dictadura. Distintas entidades del protestantismo histórico participaron en la Fundación de Ayuda Social de Iglesias Cristianas (FASIC), en el Consejo Mundial de Iglesias y en el Comité Pro Paz. Uno de los líderes más reconocidos en denunciar las violaciones a los derechos humanos fue Helmut Frenz, obispo luterano a quien Pinochet le prohibió la entrada a Chile el 3 octubre de 1975.

La iglesia y el progresismo

La iglesia evangélica, pese a su vínculo con la dictadura militar en ciertos sectores, históricamente tuvo presencia en espacios progresistas de la política, en parte porque era una vía de inserción en una sociedad anclada a una iglesia católica conservadora.

Antes del quiebre de 1973, Esteban Quiroz, abogado y dedicado al estudio evangélico, sostiene para este reportaje: “Históricamente, durante muchas décadas, las iglesias estaban del lado progresista de la política, porque los conservadores se oponían a hacer ese cambio. Entonces, estaban ahí con los liberales, con los radicales, con los socialistas, esa era la militancia de las iglesias. Y, por lo tanto, ellos promovían un concepto muy importante que se llama la separación de la iglesia y del Estado”.

Otro hito clave es la Ley de libertad de culto promulgada en 1999. Los evangélicos influyeron notablemente en su trámite, participando a través del Comité de Organizaciones Evangélicas. Esta ley permitió, en términos generales, fundar iglesias y obtener reconocimiento jurídico. Según el Ministerio de Justicia existen 7.167 registros de entidades religiosas (última inscripción 29 de mayo de 2025) y se estima que el 80 % corresponde a iglesias evangélicas.

El vacío que llenaron los evangélicos

La mayor concentración de templos evangélicos se ubica en estratos populares. Esto no es coincidencia e incide mucho con el sistema neoliberal instaurado en dictadura, que logró disminuir al Estado en todos los ámbitos posibles.

Ante el vacío que dejó el Estado, la iglesia evangélica es la que se ha dedicado a llenarlo, entre otros actores. María Olivia Mönckeberg, profesora titular de la Universidad de Chile, Premio Nacional de Periodismo y autora del libro En el nombre de Cristo: el poder evangélico en Chile, relata su experiencia en la región del Biobío: “Tuve la posibilidad de recorrer con Germán Lagos Sepúlveda, profesor de la Universidad de Concepción, también estuve con otros pastores conversando sobre estos temas en terreno. Entonces, ahí tú notas una carencia, carencia de Estado, carencia de sindicato, o sea, que eran entidades donde se aglutinaban, donde la gente podía contar con los otros, eran espacios de convivencia, espacios de comunidad”.

La profesora, además, agrega a su tesis el impacto de la desindustrialización de la zona. “Era una zona muy industrial. Hoy día sí, claro, hay algunas industrias, sobre todo que tienen que ver con la madera o que tienen que ver con la pesca, pero la industria manufacturera histórica, que era tan clásica, tan tradicional de la región del Biobío, y que dejaron sin funcionamiento, en una región que eran también muy fuertes los sindicatos, también hoy día debilitados, o sea, debilitados porque no está la industria, porque no está la industria de carbón, porque la Empresa Nacional del Carbón (Enacar) se ha reducido”, enfatiza.

Y, fuera de lo que es la región penquista hay que agregar que la mayor expansión de las iglesias evangélicas también se debe a la menor presencia de la Iglesia Católica. “Ahora, a eso tenemos que agregarle, y puede ser esto en la región de Biobío, o en cualquier población de la región metropolitana, o de Valparaíso, o en las otras regiones del sur, el caso de la menor presencia de la Iglesia Católica”, afirma Mönckeberg.

Las Águilas de Jesús

A comienzos de 2000, en la Universidad de Concepción empezarían a revolotear Las Águilas de Jesús, movimiento que surge aquí, en la misma universidad donde hace décadas nacería el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). Hacían predicas y regalaban biblias, pero sus frecuentes críticas a los grupos de izquierda los hizo adentrarse en la política. En el año 2005, el joven estudiante de Química y Farmacia, Héctor Muñoz, era el líder de las Águilas y presidente de la Federación de Estudiantes (FEC).

Las Águilas pasaron a ser Ministerio Evangélico con Héctor Muñoz como pastor. La columna vertebral de lo que es hoy el Partido Social Cristiano nace aquí con estos jóvenes que no eran muy afines a la política y que se definían en lo valórico de derecha y en lo social más apegado a la izquierda. Hoy, este movimiento está en gran parte de las universidades chilenas y tiene presencia institucional o bien vía misional en Turquía, Francia, España, Paraguay, México, Argentina, Brasil, Colombia, Bolivia y Ucrania.

¿Qué pasó entonces, que estos grupos evangélicos antes se entendían más con el mundo progresista y hoy son parte del sector de la ultraderecha?

Cambios de trinchera

Al principio de los años noventa los cristianos, como se hacen llamar también, eran pro-concertacionistas. Apoyaban las ideas del divorcio, estaban en contra de las discriminaciones y el apoyo que brindaron con mucho ahínco para conseguir la Ley de culto. Pero, ¿por qué este pensamiento cambia rotundamente?

Esteban Quiroz, responde: «Entonces, ¿qué pasó? que la temática del aborto, del matrimonio igualitario y del género se instala y como la izquierda no tiene un referente de izquierda conservadora en el sentido de, por ejemplo, pro-social, pro-no más AFP, pero conservadora en lo valórico, todos los grupos evangélicos en lo político se refugian en la ultraderecha”.

La incursión política de los evangélicos, principalmente, ha sido por parte de la derecha. En el año 2017 José Antonio Kast, quien estaba por primera vez participando en las urnas presidenciables, fue a Colina a participar del servicio de Acción de Gracias de la Iglesia Evangélica con motivo de los 207 años de aniversario de su independencia nacional. Parte de su discurso fue: “Es hora de decir fuerte no al aborto y si a la promoción de la familia en base a la unión de un hombre y una mujer, para ello debemos trabajar en conjunto con el pueblo cristiano evangélico”. Desde ese entonces el candidato republicano sería apoyado por los líderes evangélicos principalmente de las regiones de Biobío y Ñuble.

Bancada evangélica en el Congreso

En este mismo año debutarían en Renovación Nacional, con la gestión a manos de Mario Desbordes en ese entonces, tres dirigentes evangélicos que disputarían un escaño en la cámara de diputados por RN. Estos tres personajes serían: Leónidas Romero, Francesca Muñoz y Eduardo Durán. En el año 2018 ganarían su escaño y se les conocería como la bancada evangélica.

En 2020 se funda el Partido Conservador Cristiano (PCC), que apelaba a instrumentalizar el voto evangélico. A pesar de esto fue disuelto en 2022 al no alcanzar la cantidad de votos necesaria para mantener su legalidad.

Luego de la disolución del PCC un grupo de evangélicos se agruparon para publicitar públicamente la opción del Rechazo en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022. En este grupo se encontrarían los fundadores del Partido Social Cristiano: el pastor Luciano Silva, Antaris Varela, Héctor Muñoz, Sara Concha, entre otros. El Servel aprueba el partido el 8 de noviembre de 2022. Poco tiempo después se muda desde RN la diputada Francesca Muñoz al partido recién formado.

Fundadores del PSC

Luciano Silva, fundador del PSC, se consideraba de izquierda hasta que adoptaron las demandas de la comunidad LGTBQIA+, el aborto y derechos sexuales en 2012. Silva en 2021 logra un puesto por Renovación Nacional para ser parte del proceso constituyente, después funda el Partido Social Cristiano, en el cual permanece hasta, aparentemente, abril de 2025. Hoy está postulando por un cargo de diputado por el distrito 20 por la lista de RN que lo volvió a acoger, después de su paso por el PSC.

Francesca Muñoz comenzó su militancia en 2017 de la mano de Renovación Nacional. En noviembre de 2022 se cambia al Partido Social Cristiano y a principios de 2025 el PSC la declara su candidata presidencial. Esta candidatura dura poco, porque el 5 de mayo Francesca y el partido proclaman como candidato a José Antonio Kast y le brindan su apoyo. Muñoz hoy busca un escaño de diputada por el distrito 20, al igual que su excompañero de partido Luciano Silva, y se autodenomina la diputada de Kast.

El PSC cuenta con un senador, Juan Castro Prieto; cuatro diputados Francesca Muñoz, Roberto Arroyo, Yovana Ahumada y Sacara Conca; un alcalde, Héctor Muñoz; seis Cores, Cristián Villanueva, Duzenka Flores, Geraldine Aravena, Pedro Seguel, Yanina Contreras y Andrés Arroyo; y 24 concejales. Sus sectores de influencia son la región de Biobío, Ñuble, Araucanía, Tarapacá, Antofagasta y Maule.

Leónidas Romero también es una de las figuras evangélicas importantes. Es diputado del distrito 20 por el Partido Nacional Libertario al cual ingresó el 5 de enero de 2025. Sus pasos políticos fueron: ser concejal de Coronel en el año 2000, y posteriormente asumiría como alcalde de la misma comuna en el periodo entre 2008 y 2016. En 2017 fue electo diputado por las listas de RN y en los sufragios de 2021 fue reelecto por la misma lista. El 28 de diciembre renunciaría a Renovación Nacional y sería independiente hasta principios de 2025 que militaría en el partido de Johannes Kaiser.

 

El voto evangélico

Aparentemente el mundo evangélico está más derechizado. Es difícil encontrar nombres del ala más progresista que digan soy evangélico y por eso debes votar por mí. Esteban Quiroz, señala que “la mayoría de los evangélicos progresistas que están metidos en la política no andan con el letrero de evangélico, porque el sector progresista trata de no instrumentalizar el voto”.

Un caso interesante y que sí se ha presentado de esa forma es Joel Olmos, actual alcalde de La Cisterna, quien además ha sido muy activo en el comando presidencial de Jeannette Jara. En el Tedeum evangélico de 2025 realizado en Puente Alto, Olmos sube una foto en conjunto a Jara y en el pie de la imagen dice que “como alcalde de La Cisterna y vocero del mundo evangélico de nuestra candidata Jeannette Jara, reafirmo que nuestra misión histórica ha sido y seguirá siendo estar junto a los más vulnerables, levantando esperanza y construyendo comunidad”. Y, el mismo se describe, en su biografía de Instagram, como un evangélico de izquierdas.

¿Se logra institucionalizar el voto evangélico? En conversaciones con un orador designado en iglesias evangélicas pentecostales, Daniel Letelier, él dice que la política debería estar fuera del templo. “Nosotros no tenemos participación política y siempre hemos considerado que no debería ser parte de la iglesia ni de los cultos, ni siquiera de nuestras conversaciones, porque cuando la opinión nuestra es muy sectorial, eso no nos edifica”, sostiene.

Según Quiroz los evangélicos votan como vota su extracción social. “Y la mayoría de los estudios que refieren a voto evangélico siempre han indicado que los evangélicos votan como vota su extracción social es decir cuando Bachelet ganó las elecciones la mayoría de los evangélicos votaron Bachelet cuando Piñera ganó las elecciones probablemente la mayoría de los evangélicos votaron Piñera”, explica.

Foto Ciper Chile

Foto Ciper Chile

Disputa política y no espiritual

La historia política de los evangélicos en Chile es, ante todo, la historia de una búsqueda de reconocimiento en un país que los marginó durante más de un siglo. Desde los templos de madera en los cerros hasta el Tedeum en los cimientos de la Catedral de Jotabeche, el movimiento evangélico ha transitado de la periferia social al centro del poder. Su expansión no se explica solo por motivos espirituales, sino por las transformaciones estructurales del país: la retirada del Estado en los barrios, la crisis del sindicalismo y la desindustrialización que debilitó la organización colectiva.

En ese vacío, las iglesias ofrecieron contención, comunidad y una narrativa de dignidad personal frente a la precariedad. Esa red social y emocional se transformó en poder político, pero también en una herramienta que ha sido instrumentalizada por proyectos conservadores. Si en los años sesenta y setenta la fe evangélica convivía con ideales de justicia social, hoy una parte significativa de sus liderazgos se alinea con discursos de orden, familia y moralidad tradicional.

La mayoría de los evangélicos están de acuerdo que dentro del culto no se conversa de política, no es algo habitual, es más, algunos lo ven como algo mundano, es decir algo malo. Pero fuera de los cultos es común que se conversen estos temas, como afirma Elizabeth Ortega, quien fue por mucho tiempo activa participante de la iglesia pentecostal: “Sí, se conversa. Yo he conversado con gente en la Iglesia, y hay gente que no se adhiere a la política, que encuentra que es algo que no debería tener la iglesia evangélica, que deberíamos mantenernos súper neutral como siempre fuimos. Y hay otras personas que manifiestan posturas de ultraderecha criticando al gobierno actual”.

Sería reduccionista pensar que el mundo evangélico es monolítico o ideológicamente homogéneo. Bajo su diversidad denominacional conviven pastores con visiones progresistas, comunidades que sostienen labores sociales en sectores olvidados y jóvenes que entienden su fe como un compromiso con la igualdad. Lo que está en disputa, en realidad, no es la religión, sino el relato político que la envuelve.

En un Chile que se seculariza, el campo evangélico se enfrenta a su propia paradoja: entre la espiritualidad comunitaria que dio origen a su fuerza y la tentación de convertirse en un bloque de poder político más. Su futuro dependerá de si puede reconciliar su vocación de servicio con una fe que no sea rehén del poder, sino un espacio donde el Evangelio vuelva a significar comunidad, justicia y esperanza.

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